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Qué es el síndrome del bebé zarandeado

Margarita Vega.
Pediatra de los Centros Médicos Colmédica.

El síndrome del bebé zarandeado o sacudido es una condición que se suele presentar cuando el bebé llora y sin poderlo calmar, los padres o la persona que cuida al bebé se frustra, perdiendo el control de la situación, realizando movimientos violentos, que pueden poner en riesgo la vida del bebé.

De esta manera, este desencadenante emocional lleva a movimientos violentos y la lamentable práctica de sacudir al bebé en un intento desesperado por calmarlo. Este acto impulsivo, aunque nace de la angustia y la desesperación, conlleva consecuencias potencialmente mortales debido al frágil organismo que tiene un bebé.

Para entender de forma adecuada las implicaciones que tiene el síndrome del bebé zarandeado, la profesional Margarita Vega, pediatra de los Centros Médicos Colmédica, comparte cuáles son las implicaciones y consecuencias que este trastorno puede tener en el desarrollo y la salud de los niños.

Qué es el síndrome del bebé zarandeado

El síndrome del bebé sacudido o zarandeado, conocido también por su denominación en inglés como Shaken Baby Syndrome (SBS), constituye un traumatismo craneal no accidental (TCNA) cuyo mecanismo principal es la sacudida, ya sea de manera aislada o asociada a un impacto. Este acto se configura como una forma de maltrato físico infantil, caracterizado por la presencia de un traumatismo intracraneal que desencadena una serie de alteraciones tales como deterioro mental y lesiones en el sistema nervioso central.

La descripción inicial de este síndrome se atribuye al radiólogo infantil J. Caffey (1972), quien lo identificó como una rara forma de maltrato que se distingue por la presencia de hemorragias retinianas, subdurales y/o subaracnoideas, sin evidencia de traumatismo externo o con señales mínimas de maltrato. 

Tal como lo expone la doctora Vega, las víctimas, en su gran mayoría, son menores de un año, y aproximadamente dos tercios de los casos involucran a niños menores de 6 meses de edad. Así mismo, se estima que la tasa anual de incidencia oscila entre los 11 y 24 casos por cada 100 mil niños menores de un año de edad. 

Cómo se produce el síndrome del bebé zarandeado

De acuerdo con la doctora Vega, este síndrome se presenta en episodios donde “un bebé llora de manera descontrolada e inconsolable, siendo sostenido por alguien que, movido por la frustración, lo sacude bruscamente con la esperanza de calmarlo. Este acto desencadena un mecanismo crítico de aceleración-desaceleración en la cabeza del bebé, generando fracturas cerca de las costillas, así como hemorragias dentro del cráneo y lesiones en los ojos”, señala.

En la etapa de lactancia, la diferencia entre el tamaño de la cabeza y el cuerpo, junto con la insuficiente tonicidad muscular del cuello, crea un escenario propicio para daños cuando el bebé es sometido a movimientos violentos. Como resultado de esta serie de eventos, la sacudida intensa provoca la ruptura de pequeños vasos sanguíneos en el cerebro, dando origen a hematomas. A ello responde la importancia de prevenir este síndrome para proteger la salud de los más pequeños.

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Factores de riesgo

Entre los factores de riesgo desencadenantes se encuentran: 

– Llanto del lactante: cuando estos episodios son frecuentes, se incrementa el riesgo de que el bebé sea sometido a situaciones de estrés por parte de los cuidadores, predisponiendo al síndrome. 

– Factores intrínsecos: como la presencia de encefalopatía (trastorno cerebral causado por lesiones reiteradas en la cabeza) previa o la prematuridad del lactante, pueden aumentar la susceptibilidad.

– Factores extrínsecos: incluyen padres jóvenes, dinámicas familiares disfuncionales, violencia intrafamiliar, antecedentes psiquiátricos en los cuidadores, bajos niveles socioeconómicos, analfabetismo o niveles educativos bajos, así como el consumo de alcohol o drogas, entre otros.

– Cercanía del agresor: en la mayoría de las situaciones, el autor del maltrato es una persona cercana al lactante, como su padre, madre, la pareja de uno de los padres o su cuidador. Esta proximidad aumenta la probabilidad de que el bebé sea víctima de sacudidas violentas.

Es importante, entender estos factores de riesgo para implementar estrategias efectivas de prevención y proteger la seguridad de los bebés vulnerables.

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Síntomas del síndrome del bebé zarandeado

sintomas del sindrome del bebe zarandeado
Las lesiones características del síndrome del bebé sacudido incluyen: 

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– Hemorragias subdurales: son lesiones dentro del cerebro que pueden no ser evidentes inicialmente, pero son indicativas del síndrome del bebé sacudido.

– Hemorragias retinianas:  es otra señal característica del síndrome, que puede ser identificada mediante examen oftalmológico.

– Daños de la médula espinal y el cuello: el síndrome puede ocasionar daños en la médula espinal y el cuello, contribuyendo a las consecuencias neurológicas del trastorno.

– Fracturas de las costillas y otros huesos: la violencia de la sacudida puede resultar en fracturas de las costillas y otros huesos, revelando signos físicos del maltrato.

– Irritabilidad extrema: los bebés afectados por el síndrome pueden mostrar un aumento significativo en la irritabilidad, manifestándose a través de llanto persistente y difícil de calmar.

– Letargo: un estado de apatía y somnolencia que contrasta con el comportamiento habitual del bebé.

– Inapetencia: pérdida de interés o rechazo hacia la alimentación, ya sea a través del pecho o el biberón.

– Problemas respiratorios: dificultades respiratorias que pueden ser evidentes a través de cambios en la frecuencia o la dificultad para respirar.

– Convulsiones: episodios involuntarios de movimientos musculares bruscos que pueden indicar la presencia de daño neurológico.

Los síntomas del síndrome del bebé sacudido son variados y pueden presentarse de manera aguda o progresiva. La detección temprana y la intervención médica son cruciales para prevenir complicaciones a largo plazo y garantizar el bienestar del niño afectado.

Complicaciones del síndrome del bebé zarandeado

Entre las complicaciones que se pueden derivar se encuentran: 

– Pronóstico desfavorable: en comparación con el traumatismo cerebral accidental en bebés, las lesiones derivadas del síndrome del bebé zarandeado tienen un pronóstico significativamente negativo, a menudo resultando en complicaciones a largo plazo.

– Daño de la retina y ceguera: las hemorragias retinianas pueden ocasionar daño permanente en la retina, llevando a complicaciones visuales severas e incluso ceguera.

– Discapacidad neurológica o mental: la mayoría de los bebés que sobreviven a sacudidas intensas experimentaron eventos de discapacidad neurológica o mental. Esto puede manifestarse como parálisis cerebral, retraso mental u otras afectaciones, y es posible que no se evidencie completamente hasta que el niño alcance cierta edad.

– Necesidad de cuidados médicos permanentes: los niños afectados por el síndrome a menudo requerirán cuidados médicos continuos a lo largo de sus vidas. Esto puede incluir tratamientos especializados, terapias físicas y ocupacionales, así como la atención de profesionales de la salud para abordar las complicaciones derivadas de las lesiones sufridas.

Prevención del síndrome del bebé zarandeado

La prevención del Síndrome del Bebé Sacudido es fundamental y se puede lograr mediante la concientización y la adopción de prácticas seguras. Algunos consejos:

– Genera concientización: transmite información sobre el síndrome para aumentar la conciencia. Muchas personas desconocen las graves consecuencias de sacudir a un bebé, por lo que la educación puede ser clave para prevenir estas acciones.

– Evita las sacudidas fuertes: nunca realices esta acción, ya sea para calmarlo o en medio de juegos. Las sacudidas intensas pueden tener consecuencias devastadoras para la salud del bebé.

– Interactúa con los cuidadores: si tu bebé está bajo el cuidado de otras personas, asegúrate de comunicar claramente que nunca deben zarandear al bebé y explícales los peligros asociados. La comunicación abierta es esencial para garantizar la seguridad del bebé en todo momento.

– Implementa estrategias alternativas: evalúa y comparte alternativas seguras para calmar al bebé cuando llore, como cargarlo, ofrecerle un chupón, reproducir música suave o dar paseos. 

– Realiza una autoevaluación emocional: cuando sientas que en ocasiones no puedes manejar al bebé o experimentas problemas de ansiedad y control emocional, es crucial que busques ayuda profesional de salud. Reconocer y abordar estos desafíos emocionales es fundamental para garantizar un entorno seguro y saludable para el bebé.

La prevención requiere un esfuerzo colectivo para informar y educar sobre los riesgos asociados. Adoptar prácticas seguras y fomentar una comunicación abierta son pasos esenciales para proteger la salud y el bienestar del bebé.

En definitiva, la comprensión y empatía hacia las dificultades asociadas al llanto prolongado de los bebés son fundamentales para el bienestar tanto de los pequeños como de sus cuidadores. En lugar de recurrir a respuestas impulsivas, opta por incentivar medidas saludables que contribuyan a crear un entorno seguro y afectuoso. 

Para la redacción de este artículo, contamos con el apoyo de la profesional Margarita Vega, pediatra de los Centros Médicos Colmédica.

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