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Miedos en los niños

Los miedos en los niños son procesos naturales que tienen a medida que van creciendo. Varían dependiendo de la personalidad, el carácter y el entorno en el que se desarrollan, iniciando alrededor del primer año y presentándo con mayor incidencia entre los dos y seis años de edad.

Por tanto, cuando un niño sufre de miedo es importante transmitirle tranquilidad, seguridad y confianza, a fin de ayudarle a superar estos temores. Es importante en estos casos, identificar dichas situaciones, pues no tratarlas a tiempo pueden derivar en perjuicios para su desarrollo.

La doctora Aida Romero, pediatra de los Centros Médicos Colmédica, expone a continuación, cuáles son los miedos más comunes en los niños de acuerdo con su edad, la forma como los padres deben hacer el acompañamiento a estas situaciones y las recomendaciones para tratarlos de la mejor manera.

¿Qué es el miedo?

Para la doctora Romero, el miedo es una sensación de angustia ocasionado por un evento que puede ser real o imaginario. Es así como muchos niños expresan temor ante situaciones cotidianas concretas como ir a dormir, quedarse a oscuras, estar solo, ir al colegio, entre otros eventos.

De esta manera, los temores en varias ocasiones están inducidos por el ambiente externo, mientras otros, están fundados en experiencias negativas ocurridas en casa. De acuerdo con la edad los miedos son más elaborados, es decir, cuando son pequeños son imaginarios y se van volviendo más reales a medida que crecen.

Sin embargo, es importante señalar que, así como algunos miedos llegan a ser perjudiciales para el desarrollo del niño, hay otros que les enseñan a ser más precavidos y cuidadosos. A su vez, estos tienden a desaparecer o cambiar cuando son capaces de reconocer poco a poco la realidad.

El miedo en los niños según la edad

Como se ha expuesto anteriormente, los miedos se transforman a lo largo de la infancia. A continuación, te explicamos los cambios que se presentan de acuerdo con la edad.

  • De 0 a 6 meses. Hay una relación de apego y dependencia absoluta con los padres, empiezan a descubrir el mundo, todo lo que les rodea les resulta extraño y supone una amenaza. Se evidencian, sobre todo, miedos a las personas desconocidas y a los sonidos fuertes que alteran su tranquilidad.
  • De 7 a 12 meses. Inicia una nueva etapa donde gatean y dan sus primeros pasos, a su vez una fase de conocer nuevas cosas. Surge entonces, el miedo de quedarse solos, pues empiezan a notar que sus padres ya no están en todo momento presentes.
  • De 1 a 4 años. Aún no están en una etapa de autonomía y les sigue afectando las ausencias de sus padres por el trabajo u otras ocupaciones. Igualmente, se empiezan a identificar sensaciones de temor a la oscuridad o a personajes de ficción que ven en videos o series animadas. 
  • De 4 a 8 años. Empieza a haber una mayor independencia de los padres, en parte por el ingreso al colegio y a la activación de su vida social con otros pares. Comienzan a evidenciarse miedos al dolor, la muerte, o algún acontecimiento fuerte que suceda en su entorno. Además, se presentan temores a los animales, que pueden perdurar como fobia hasta la madurez.
  • De 8 a 12 años. Se transforman los miedos, pues es una etapa en la que se supera el susto a los monstruos o personajes sobrenaturales, al comprender que son ficticios. No obstante, comienzan a generarse temores profundos, relacionados con su entorno social y las responsabilidades que van asumiendo. Aparecen factores adicionales como el bullying, el miedo a ser rechazados, a su apariencia física, a defraudar a sus padres, a perder un examen, entre otros.

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Miedos más comunes en los niños

Entre los miedos más comunes que suelen presentarse entre los niños se encuentran:

  • La oscuridad. Es uno de los temores más frecuentes y generan en el pequeño una sensación de desorientación, además su imaginación se dispara y cualquier ruido le asusta. Es importante que el padre ayude al niño a entender la oscuridad, acompañándolo durante un rato mientras logra conciliar el sueño, haciéndole ver que la noche es mágica porque puede jugar con su imaginación.
  • Ruidos fuertes. Es habitual que los niños se espantan con los ruidos producidos por una fuerte tormenta eléctrica. Para empezar a trabajar este miedo los padres pueden mostrarles a sus hijos de manera progresiva como es una lluvia, explicándole que los rayos hacen parte de un proceso natural, hasta que el niño coja confianza y pierda ese temor.
  • Estar solo. Durante los primeros meses y años de vida es común que el acompañamiento del padre sea constante, pero a medida que pasa el tiempo, se debe salir a cumplir con los deberes y ese desprendimiento puede generar un vacío en los niños. Es importante explicarles la situación, haciéndoles comprender que estarán solamente sin verse algunas horas para que no generen ese temor por la ausencia. 
  • Al agua o a nadar. Generalmente, nace por una experiencia traumática, por ello es importante no forzar al niño contra su voluntad a arrojarse a una piscina, pues generará automáticamente una fobia al medio acuático. Trata de inventar juegos con el agua para persuadirlo a través de la lúdica para familiarizarse con esta.
  • Los animales. Los niños están empezando a conocer su entorno y los animales hacen parte de esos personajes desconocidos que le generan zozobra y pánico. Por eso, para empezar a generar tranquilidad, muéstrale que ellos también son amigables. Otra recomendación es tener una mascota en casa para comenzar a acercarlos al mundo animal.
  • Colegio. Una mala experiencia con un compañero, por una discusión o agresión pueden empezar a generar esta apatía por el colegio. Es importante por ello establecer una cercanía con el niño para conocer en detalle cuál es la situación que está generando este temor y poner en marcha iniciativas para solucionarlo.
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Cómo ayudar a superar los miedos

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De acuerdo con la doctora Romero, es importante no subestimar el miedo de un niño y tratar siempre de entender y ponerse en su lugar.
Se debe generar un ambiente en el que se perciba que los padres están haciendo un acompañamiento en esos momentos de angustia y pensar que, si es necesaria una ayuda terapéutica con un psicólogo, se proceda a hacerlo. Algunas recomendaciones para ayudar en estos casos son:

  • No recriminar. Sentir miedo no debe convertirse en un acto de represión contra el niño. Por el contrario, se le debe explicar que el miedo es normal en ciertas situaciones, que sienta que estás sintonizado con su miedo.
  • Generar un ambiente de afecto. Se debe generar un ambiente propicio de conexión que le permita expresar su emoción. Hay que transmitirle que es normal que sienta miedo y que puede enfrentarlo, es una forma de construir un vínculo seguro con el niño.
  • Facilitar el enfrentamiento con el miedo. Crear espacios creativos para que paulatinamente puedan ir enfrentándose a sus temores. Incentivarlos a creer que son capaces de superar su miedo, pero no a través de la presión, sino de la empatía, elogiando sus conductas valerosas.
  • Predicar con el ejemplo. Entablar una conversación en la que le cuentes que también fuiste niño y tuviste miedos en su momento. Una práctica que se constituye una herramienta para que el niño se identifique y sienta que con tu apoyo vencerá las circunstancias.
  • Fomentar conductas de autonomía. Enfrentar el miedo se hace a partir de acciones concretas.Por tanto, acostumbrar a dormir solo, apagar la luz para conciliar el sueño o explorar lo que le infunde temor, son prácticas que de a poco solucionarán la situación

En general los miedos infantiles son evolutivos y si se gestionan adecuadamente, no es necesario un tratamiento. Sin embargo, si por el contrario las experiencias en relación a ese miedo tienen alteraciones en su neurodesarrollo, por ejemplo: trastornos del sueño o ganancia ponderal de peso o talla, es ineludible buscar la ayuda de un profesional de la salud.

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