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Inteligencia emocional en niños y adolescentes: cómo desarrollarla

Mary Luz Gómez de los Ríos
Psicóloga Clínica de los Centros Médicos Colmédica.

La inteligencia emocional es una habilidad que tiene una significativa relevancia para la vida, pues son varias las ocasiones en que esta influye de manera decisiva en diversas situaciones de la cotidianidad.

La incidencia que tiene en niños y adolescentes es definitiva, pues les formará para afrontar situaciones adversas, socializar con los demás, usar y administrar sus propias emociones, ayudar a comunicarse efectivamente y empatizar con otras personas.

Aunque es un término que la mayoría de las personas habrá oído, pocos saben cómo detectarla, ni en sí mismos ni en los demás, por ello la doctora Mary Luz Gómez, psicóloga clínica de los Centros Médicos Colmédica, nos cuenta qué es la inteligencia emocional, cuáles son los beneficios para niños y jóvenes y cómo puede favorecerse desde los padres en los hogares.

¿Qué es la inteligencia emocional?

De acuerdo con la doctora Gómez la inteligencia emocional es la capacidad de identificar y gestionar las propias emociones y las de los demás. “Ser emocionalmente inteligente significa tener la facultad de ponernos en los zapatos del otro, ser empáticos y tener la capacidad de dominar las emociones. Situaciones que facilitan el comportamiento interpersonal entre todas las personas y ayuda a que las relaciones sean más sanas”, resalta.

Además, la inteligencia emocional comprende una capacidad para manejar una serie de habilidades sociales y actitudes; con el fin de detectar, reconocer y gestionar las emociones tanto propias, como ajenas, es decir, desarrollar una inteligencia emocional en niños y adolescentes de manera asertiva, puede marcar la diferencia entre un correcto o mal funcionamiento social a futuro.

Pilares de la inteligencia emocional

Dentro de los elementos fundamentales que integran la inteligencia emocional se encuentran:

– Autoconciencia: se trata de una habilidad que reconoce las emociones propias y la manera como incide en los demás. Permite identificar aspectos emocionales o conductas personales que, pueden cambiar bien sea para estar en armonía interior o para adaptarse a una situación en específico.

– Motivación: es aquella que desarrolla la automotivación para alcanzar las metas. Desde adolescentes y niños fomentar esta habilidad, les permitirá consolidar una cualidad de compromiso frente a sus tareas y obligaciones.

– Empatía: es una habilidad que permite reconocer y entender cómo se sienten otras personas. Comprender las dinámicas que influencian las relaciones con los demás, ayuda a gestionar los diferentes entornos tanto familiar como escolar.

– Habilidades sociales: fomenta la capacidad para interactuar con los demás, además, permite el desarrollo de facultades como la escucha activa y la comunicación asertiva verbal y no verbal.

Beneficios de ser niños y adolescentes emocionalmente inteligentes

Para los niños y adolescentes ser emocionalmente inteligentes aporta una serie de beneficios que les ayudan a promover la autoestima y a desarrollar la capacidad de resiliencia en momentos difíciles. Así mismo, les permite manejar las emociones en los diferentes comportamientos, sobre todo, cuando están bajo presión, pues aprenden a tener alta tolerancia ante la frustración.

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Es así como el reconocimiento del autocontrol y el dominio de las emociones, permite manejar las situaciones en diferentes escenarios, haciendo un manejo adecuado de los sentimientos que se puedan llegar a ver afectados. Un beneficio a corto plazo y que resulta provechoso para la autoestima, pues genera la sensación de control ante las circunstancias.

Entre tanto, los beneficios que la inteligencia emocional configura a largo plazo para niños y adolescentes son: autoconocimiento y madurez, gracias al acopio de las diferentes experiencias que se van sumando con el pasar del tiempo. Vivencias que van estructurando su identidad y la capacidad para reconocer, resolver y gestionar conflictos.

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Cómo fomentar la inteligencia emocional

Para la doctora Gómez, percibir y entender las emociones desarrolla una serie de habilidades en niños y adolescentes que guía el comportamiento propio sobre las acciones, además de tener una alta tolerancia ante la frustración que es lo que no se tiene en estas edades. Estas capacidades se pueden desarrollar con un trabajo acertado por parte de los padres a través de acciones como:

– Reconocimiento de las emociones: se trata de utilizar las emociones para promover el pensamiento y la actividad cognitiva. Ayudan a identificar lo que es prioritario, prestando atención a cómo se reacciona y respondiendo emocionalmente a aquello que capta la atención.

– Dejar expresar las emociones libremente: no se debe cohibir los estados de ira, frustración o dolor. Son precisamente este tipo de emocionalidades las que construyen el carácter y la madurez de una persona y las que consolidan la manera de reaccionar frente a este tipo de sentimientos.

– Comprensión de las emociones: se trata de entender qué es lo que se percibe. Es decir, que cuando alguien se está expresando se debe dejar al niño o adolescente que perciba el estado emocional en el que está para comprender y saber cómo reaccionar y actuar.

– Gestionar las emociones: mostrarles que existen diferentes reacciones frente a las situaciones. Explicarles que cada persona es diferente, pero que existen unos factores como el respeto hacia los demás y que se debe actuar bajo esos principios.

– Fomentar el diálogo: para ponerlos en contexto frente a una situación determinada. Además, servirá como una manera de mostrarles cómo a partir de una conversación, se pueden tener acuerdos o puntos de vista distintos que se pueden exponer de manera respetuosa.

– Autorregulación: es la capacidad para manejar sentimientos adversos y adaptarse a los cambios. Desarrolla habilidades para resolver conflictos, reaccionar de manera asertiva frente a las adversidades y fomentar el liderazgo.

Recuerda que tener niños y adolescentes emocionalmente inteligentes, les permitirá crecer, madurar y tener una comprensión más profunda de quiénes son, lo que a su vez les permitirá construir relaciones más sólidas a futuro.

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