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Vaginosis bacteriana: qué es, síntomas y cómo tratarla

Una paciente sentada y escuchando atentamente a una profesional de la salud con estetoscopio. La imagen transmite confianza y cuidado profesional para el diagnóstico de condiciones como la vaginosis bacteriana.
Tabla de contenido

La vaginosis bacteriana se produce, en la mayoría de los casos, por un desequilibrio en la flora vaginal; es decir, cuando se altera el balance natural de bacterias que protege esta zona íntima. Este cambio permite que algunas bacterias crezcan en exceso y generen molestias.

Aunque el nombre pueda sonar alarmante, la vaginosis bacteriana es una de las causas más comunes de consulta por molestias íntimas en mujeres en edad reproductiva. Con frecuencia, esta condición aparece acompañada de cambios que generan preocupación, especialmente cuando no se tiene claridad sobre qué los está provocando o cómo se debe actuar.

Este desajuste en la flora vaginal suele generar dudas sobre cuándo se trata de algo pasajero y cuándo es necesario contar con el acompañamiento de un profesional de la salud. Por ello, identificar las señales de alerta es fundamental para tomar decisiones informadas y evitar prácticas que podrían alterar el equilibrio natural del organismo.

Para conocer el impacto que tiene la vaginosis bacteriana y aclarar algunas de las preguntas más frecuentes, la doctora Clara Hinestroza, médico ginecoobstetra de los Centros Médicos Colmédica, comparte las claves sobre los factores que influyen en su aparición y las recomendaciones esenciales para el cuidado de tu salud íntima.

¿Qué es la vaginosis bacteriana?

De acuerdo con la doctora Clara Hinestroza, “la vaginosis bacteriana ocurre cuando el ecosistema natural de la vagina pierde su equilibrio. En condiciones normales, allí habitan unas bacterias «buenas» llamadas lactobacilos, que tienen la misión de producir una protección ácida (ácido láctico) para evitar que otros microorganismos crezcan sin control”

El problema surge cuando la población de estas bacterias protectoras disminuye. Esto permite que otras bacterias -que normalmente están en cantidades mínimas- se multipliquen de forma desmedida, alterando las características normales del flujo vaginal y provocando las molestias que llevan a la consulta médica.

Es importante entender que no se trata de una infección causada por un agente externo o falta de higiene, sino de un cambio en el balance interno donde los microorganismos que no deberían ser dominantes toman el control de la zona íntima.

 

Factores de riesgo de la vaginosis bacteriana

La desaparición de la flora protectora no ocurre por una sola razón. Según explica la doctora Hinestroza, existen diversas situaciones que alteran el pH vaginal, facilitando que bacterias como la Gardnerella vaginalis se multipliquen y generen síntomas.

 

Los principales factores que aumentan el riesgo de presentar este desequilibrio son:

  • Cambios hormonales: la disminución de estrógenos afecta la producción de sustancias que mantienen la acidez natural de la zona íntima. Por esta razón, las niñas antes de la pubertad, las mujeres embarazadas y quienes están en la postmenopausia pueden ser más propensas a esta condición.

 

  • Uso de productos irritantes: el exceso de limpieza puede ser contraproducente. Los jabones químicos, geles de baño con fragancias, toallas húmedas y, especialmente, las duchas vaginales, destruyen las bacterias buenas.

 

  • Humedad y elementos externos: el uso constante de protectores diarios, ciertos tipos de toallas higiénicas y mantener la zona húmeda por mucho tiempo crean un ambiente ideal para las bacterias dañinas.

 

  • Hábitos y estilo de vida: el tabaquismo es un factor de riesgo comprobado. Así mismo, tener una nueva pareja sexual o múltiples parejas puede introducir cambios en el ecosistema vaginal que disparan la infección.

 

Síntomas de la vaginosis bacteriana

Una de las características más curiosas de la vaginosis bacteriana, es que, según indica la doctora Clara Hinestroza, aproximadamente el 50 % de las mujeres no presenta ningún síntoma. Sin embargo, cuando las señales aparecen, el cuerpo suele manifestarlo de la siguiente manera:

  • Cambios en el flujo vaginal: se vuelve homogéneo y adopta un color blanco, grisáceo o incluso amarillo verdoso.

 

  • Olor característico: aparece un olor fuerte y desagradable, similar al pescado. Este síntoma suele hacerse mucho más evidente e intenso después de tener relaciones sexuales o durante los días de la menstruación.

 

  • Ausencia de irritación: a diferencia de otras infecciones, la doctora explica que la vaginosis no suele causar inflamación, picazón extrema (comezón), ardor ni dolor en la zona íntima.

Si notas estos cambios en tu flujo, especialmente el olor fuerte sin la presencia de picazón, “es muy probable que estés ante un desequilibrio bacteriano y no ante una infección por hongos, que es la confusión más frecuente”, advierte la doctora Hinestroza.

 

¿Cuándo se debe consultar con un médico?

Lo ideal es buscar asesoría profesional desde que se detectan cambios inusuales. No conviene esperar a que la molestia desaparezca por sí sola, especialmente en los siguientes casos:

  • Presencia de flujo inusual: si se nota un cambio de color en la secreción o aparece el característico olor fuerte a pescado mencionado anteriormente.

 

  • Falta de mejoría: es fundamental consultar nuevamente si los síntomas persisten a pesar de haber iniciado un tratamiento.

 

  • Aparición de señales de alerta: si además del flujo se presenta ardor, picazón (comezón), dolor en la pelvis o fiebre.

Estos últimos síntomas podrían indicar que no se trata de una simple vaginosis, sino de otras condiciones como una infección por hongos (candidiasis) o incluso una infección de transmisión sexual que requiere un manejo diferente.

 

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Complicaciones de la vaginosis bacteriana

Aunque en muchos casos se percibe como una molestia leve, si no se trata adecuadamente, la vaginosis bacteriana puede derivar en problemas de salud más severos. Las principales complicaciones asociadas son:

 

  • Riesgos en el sistema reproductivo: se ha evidenciado una mayor incidencia de esta condición en pacientes que luego desarrollan Enfermedad Pélvica Inflamatoria (EPI), una infección grave que afecta los órganos internos como las trompas y los ovarios.

 

  • Complicaciones en el embarazo: en mujeres gestantes, este desequilibrio aumenta el riesgo de situaciones críticas como abortos tardíos, ruptura prematura de la fuente (membranas), partos prematuros e infecciones después del nacimiento (endometritis).

 

  • Vulnerabilidad ante otras infecciones: si bien la vaginosis bacteriana no es considerada una infección de transmisión sexual (ITS), su presencia altera las defensas naturales y puede incrementar el riesgo de contraer otros gérmenes, incluido el VIH.

 

“Ante un diagnóstico de este tipo, es importante considerar la realización de pruebas complementarias para descartar otras infecciones de transmisión sexual, especialmente en pacientes con múltiples parejas”, señala la doctora Clara Hinestroza.

 

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Tratamientos de la vaginosis bacteriana

El manejo de esta condición tiene un enfoque doble: eliminar el exceso de bacterias dañinas y recuperar el equilibrio perdido. Los puntos clave del tratamiento son:

  • Uso de antibióticos: se emplean medicamentos específicos ya sea en pastillas o a través de cremas y óvulos vaginales. 

 

  • Acompañamiento de hábitos: para que la cura sea definitiva y se restablezca la flora propia, es indispensable suspender el uso de protectores diarios, jabones íntimos y los demás factores de riesgo mencionados anteriormente.

 

  • Casos especiales: el tratamiento es obligatorio para todas las mujeres embarazadas y para aquellas pacientes que van a ser sometidas a cirugías ginecológicas, incluso si no presentan síntomas.

Es importante resaltar que, por lo general, no se requiere tratar a la pareja sexual ni realizar pruebas adicionales después de terminar el ciclo de medicamentos, siempre y cuando las molestias hayan desaparecido.

 

Claves para prevenir la vaginosis bacteriana

Consejos para prevenir la vaginosis bacteriana: Símbolo femenino formado por pétalos junto a un estetoscopio sobre fondo rosa, representando el cuidado de la salud íntima.

Para evitar que el equilibrio de la zona íntima se vea afectado, la doctora Clara Hinestroza recomienda adoptar hábitos esenciales:

  • Higiene externa: la limpieza debe realizarse solo en la parte exterior (vulva). No se deben usar duchas vaginales, ya que la vagina cuenta con su propio mecanismo de limpieza y control de infecciones.

 

  • Evitar el exceso de lavado: limpiar la zona íntima de forma exhaustiva o varias veces al día barre la flora vaginal normal y genera el efecto contrario al deseado.

 

  • Cuidado con los productos químicos: evita el uso de protectores diarios, pañitos húmedos, perfumes o desodorantes en la zona genital.

 

  • Elegir materiales naturales: es preferible usar ropa interior de algodón y toallas higiénicas naturales. Evita materiales sintéticos que aumentan el calor y la humedad.

 

  • Mantener la zona seca: es fundamental secar bien el área vaginal después del baño, de nadar o de hacer ejercicio. Asimismo, se debe cambiar la ropa interior húmeda lo antes posible.

 

  • Estilo de vida saludable: mantener una pareja estable, usar preservativo, evitar el cigarrillo y, en el caso de las mujeres en postmenopausia, consultar sobre el uso de apoyo hormonal específico para proteger la mucosa vaginal.

 

La mejor forma de prevenir desequilibrios es entender que tu organismo ya tiene las herramientas necesarias para protegerse. Más allá de cualquier solución rápida, la clave está en mantener hábitos que no alteren tu pH de la zona íntima y en confiar en tu intuición cuando sientas que algo no va bien. Estar informada te permite tomar decisiones conscientes y seguras para cuidar tu salud y bienestar.

Si sientes que necesitas herramientas para gestionar cualquier inquietud con tu salud íntima, en los Centros Médicos Colmédica encuentras especialistas en ginecología que pueden orientarte, brindándote tratamientos específicos que se adapten a tus necesidades.

Para la redacción de este artículo, contamos con el apoyo de la profesional Clara Hinestroza, médico ginecoobstetra de los Centros Médicos Colmédica.

 

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PREGUNTAS FRECUENTES

  • ¿La vaginosis bacteriana es una infección de transmisión sexual (ITS)? 

No. Aunque puede presentarse con más frecuencia en personas que han cambiado de pareja recientemente o tienen varias parejas, no se considera una ITS. Se trata de un desequilibrio interno de la flora vaginal que ya viven en tu cuerpo, no de un contagio externo.

  • ¿Qué pasa si tengo vaginosis y no recibo tratamiento? 

Si no se trata, el desequilibrio puede persistir y aumentar el riesgo de sufrir complicaciones más serias, como la Enfermedad Pélvica Inflamatoria (EPI) o una mayor susceptibilidad a contraer infecciones de transmisión sexual, ya que las defensas naturales de la zona están bajas.

  • ¿La vaginosis bacteriana se cura sola con el tiempo? 

En algunos casos leves el cuerpo podría intentar recuperar su equilibrio, pero lo más recomendable es acudir al médico. Sin el tratamiento adecuado, es muy común que la infección regrese o se vuelva crónica, afectando tu salud a largo plazo.

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