El Día Mundial del Cáncer de Piel, que se conmemora cada 13 de junio, es una fecha que busca crear conciencia sobre la importancia de la prevención y el diagnóstico temprano de esta enfermedad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se diagnostican más de 1,5 millones de nuevos casos en el mundo, incluyendo melanomas y carcinomas, lo que lo convierte en uno de los tipos de cáncer más frecuentes a nivel global.
Aunque algunos casos están relacionados con factores genéticos, ciertos hábitos cotidianos también pueden aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad. La exposición excesiva al sol, la falta de protección adecuada y algunas prácticas relacionadas con el cuidado de la piel tienden a provocar daños con el paso del tiempo. Sin embargo, gran parte de estos factores pueden prevenirse mediante hábitos de protección y cuidado diario.
Para conocer más sobre el impacto de esta enfermedad y las principales señales de alerta, la doctora Liliana Montero, dermatóloga de los Centros Médicos Colmédica, comparte cuáles son los hábitos que más aumentan el riesgo de cáncer de piel, así como algunas claves para prevenirlo.
¿Qué es el cáncer de piel?
El cáncer de piel es uno de los más frecuentes en el mundo. Existen distintos tipos, y no todos se comportan igual, entre ellos se encuentran:
- Carcinoma basocelular: es el más común. Suele crecer lentamente y casi siempre se mantiene en la zona donde aparece.
- Carcinoma espinocelular: también es frecuente. Puede crecer un poco más rápido que el anterior, pero en la mayoría de los casos también se puede tratar con éxito si se detecta a tiempo.
- Melanoma: es menos común, pero es el más agresivo. Puede avanzar más rápido y afectar otras partes del cuerpo si no se detecta a tiempo. Por eso es el que más atención médica requiere.
De acuerdo con la doctora Liliana Montero, “el cáncer de piel aparece cuando la piel recibe radiación ultravioleta de forma repetida y sin protección. Esa radiación, que proviene principalmente del sol, va dañando de a poco las células de la piel. Con el tiempo, ese daño puede hacer que algunas células cambien, crezcan de forma descontrolada y den origen a la enfermedad. Por eso, la detección temprana es clave, ya que en etapas iniciales la mayoría de los casos tienen altas probabilidades de tratamiento exitoso”.
Factores de riesgo del cáncer de piel
Existen algunas características y condiciones que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar cáncer de piel. No significa que la enfermedad vaya a aparecer necesariamente, pero sí que es importante prestar mayor atención a la prevención y al cuidado de la piel. Algunos factores incluyen:
- Piel clara: las personas con piel más clara, ojos claros o que se queman fácilmente al sol tienen menor protección natural frente a la radiación ultravioleta.
- Antecedentes familiares: tener familiares que hayan tenido cáncer de piel puede aumentar el riesgo, ya que existe cierta predisposición genética.
- Sistema inmunológico debilitado: personas con defensas bajas, ya sea por enfermedades o tratamientos médicos, pueden ser más vulnerables.
- Exposición solar por trabajo: quienes pasan muchas horas al aire libre por su ocupación están más expuestos de forma constante al sol.
- Antecedentes de cáncer de piel: haber tenido cáncer de piel previamente aumenta la probabilidad de que vuelva a aparecer.
5 hábitos que aumentan el riesgo de cáncer de piel
Algunos comportamientos cotidianos pueden aumentar significativamente la probabilidad de desarrollar cáncer de piel, especialmente cuando se repiten a lo largo del tiempo. Estos son cinco de los más relevantes:
- Exponerse al sol sin protector entre las 10:00 a. m. y las 4:00 p. m.: en este horario la radiación ultravioleta es más intensa, lo que incrementa el daño en la piel si no se usa protección adecuada.
- Usar cámaras de bronceado: la radiación artificial que emiten puede ser incluso más dañina que la exposición solar directa y está asociada a un mayor riesgo de cáncer de piel.
- No reaplicar el protector solar: aplicar bloqueador una sola vez no es suficiente. Con el paso de las horas, el sudor o el contacto con el agua, su efecto disminuye.
- Sufrir quemaduras solares repetidas, especialmente en la infancia: las quemaduras en edades tempranas dejan un “efecto acumulativo” en la piel que puede aumentar el riesgo en la adultez.
- Ignorar lunares nuevos o que cambian: cualquier cambio en forma, color, tamaño o textura de un lunar debe ser evaluado por un especialista, ya que puede ser una señal de alerta.
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Signos de alerta en la piel
Detectar a tiempo cualquier cambio en la piel es esencial en el tratamiento. Por eso, es importante prestar atención a ciertas señales que no deben ignorarse:
- Heridas que no cicatrizan: lesiones que no mejoran con el paso del tiempo o que vuelven a aparecer en el mismo lugar.
- Manchas nuevas que crecen rápidamente: cualquier mancha que aparece de forma reciente y aumenta de tamaño en poco tiempo.
- Lesiones rojizas con descamación: zonas enrojecidas, ásperas o que presentan descamación, especialmente en áreas expuestas al sol.
- Cambios en los lunares: variaciones en el color, la forma, el tamaño o la textura de un lunar, o la aparición de síntomas como picazón o sangrado.
“Ante cualquiera de estas señales, lo recomendable es consultar con un especialista para una evaluación adecuada”, advierte la doctora Montero.
Diagnóstico del cáncer de piel
El diagnóstico del cáncer de piel comienza con una evaluación médica de la piel. A partir de allí, el especialista puede utilizar distintas herramientas para confirmar si una lesión es sospechosa:
- Examen clínico: el dermatólogo revisa la piel de manera general, observando lunares, manchas o lesiones que presenten cambios o características inusuales.
- Dermatoscopia: es una técnica que permite observar la piel con mayor aumento y detalle, lo que ayuda a analizar mejor las lesiones sin necesidad de procedimientos invasivos.
- Biopsia: si una lesión genera sospecha, se toma una pequeña muestra de tejido para analizarla en laboratorio y confirmar el diagnóstico.
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Hábitos diarios para proteger la piel
La prevención está directamente relacionada con el cuidado diario. Por eso, incorporar pequeñas acciones puede reducir significativamente el riesgo a largo plazo:
- Uso diario de protector solar FPS 50+: incluso en días nublados o en interiores con exposición a luz natural, el protector solar ayuda a reducir el daño acumulativo en la piel.
- Ropa con protección: prendas de manga larga, sombreros y gafas de sol con filtro UV ayudan a bloquear la radiación directa.
- Evitar la exposición solar en horas pico: entre las 10:00 a.m. y las 4:00 p.m., la radiación es más intensa, por lo que se recomienda buscar sombra o reducir la exposición.
- Autoexamen mensual de la piel: revisar lunares, manchas y nuevas lesiones permite detectar cambios de forma temprana.
- Revisión dermatológica anual: una consulta preventiva con el especialista ayuda a identificar riesgos o lesiones sospechosas antes de que avancen.
La protección frente al cáncer de piel no depende de una sola acción, sino de la constancia en los cuidados diarios y de la atención a los cambios que presenta la piel con el tiempo. Adoptar hábitos preventivos, mantener la vigilancia de lesiones y acudir a controles médicos de forma periódica son medidas fundamentales en la prevención. La clave está en la detección temprana y en entender que la salud de la piel es prioritaria.
Si consideras que puedes tener factores de riesgo o has notado cambios en tu piel que generan dudas, en los Centros Médicos Colmédica puedes encontrar profesionales especializados en dermatología que te orientarán con una evaluación adecuada y estrategias de prevención y cuidado adaptadas a tus necesidades.
Para la redacción de este artículo, contamos con el apoyo de la profesional Liliana Montero, dermatóloga de los Centros Médicos Colmédica.
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PREGUNTAS FRECUENTES










