El Parkinson es una enfermedad progresiva del sistema nervioso que afecta el movimiento y no tiene cura, sin embargo, se puede mejorar la calidad de vida del paciente a través del tratamiento adecuado. Siempre se debe tener el diagnóstico de un especialista de la salud para saber la manera de reducir el impacto en las personas que la padecen.
El doctor Andrés Cerón, neurólogo de los Centros Médicos Colmédica, comparte cuáles son los síntomas, factores de riesgo y tratamientos que ayudan a reducir el impacto que tiene la enfermedad en la calidad de vida de los pacientes que padecen de Parkinson.
¿Qué es el Parkinson?
La enfermedad del Parkinson es un trastorno neurodegenerativo con síntomas que se van acentuando de manera progresiva y que empiezan a manifestarse a través de señales como: lentitud de movimientos, temblores, rigidez o desequilibrio. Es así como esta afección degenerativa, se produce por la destrucción de las neuronas dopaminérgicas, las cuales son las células nerviosas del cerebro que producen la dopamina.
De esta manera, siendo la dopamina el neurotransmisor encargado del control de los movimientos voluntarios, al haber una destrucción neuronal, la concentración de dicho neurotransmisor disminuye, causando afecciones en las funciones motoras. Igualmente, la enfermedad puede evidenciar signos como: deterioro cognitivo, trastornos mentales y del sueño, dolor y alteraciones sensoriales.
Factores de riesgo
Entre los factores de riesgo asociados a padecer de Parkinson se encuentran:
– Edad: es uno de los factores que mayor incidencia tiene entre quienes padecen la enfermedad. Los riesgos empiezan a incrementarse con el paso de los años, manifestándose principalmente en personas de 60 años de edad en adelante.
– Predisposición genética: tener un pariente cercano con Parkinson puede aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad. No obstante, no es un factor determinante, a menos que existan varios casos dentro del núcleo familiar.
– Sexo: en cierta medida (aunque no en un porcentaje importante) los hombres son más propensos a desarrollar la enfermedad de Parkinson que las mujeres.
– Exposición a toxinas: estar en constante exposición a herbicidas o pesticidas, puede ser un factor de riesgo para aumentar la probabilidad de padecer la enfermedad.
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Síntomas del Parkinson
Entre los síntomas que se empiezan a desarrollar durante la enfermedad existen unas afecciones denominadas ‘parkinsonismo’, que son problemas de movimiento que se evidencian en los pacientes con Parkinson, entre las que se encuentran:
– Temblores: se empiezan a observar constantes movimientos involuntarios en manos y dedos o sacudidas esporádicas en alguna extremidad cuando se encuentra el paciente en reposo.
– Lentitud en los movimientos: con el paso del tiempo la movilidad se hace más compleja por la dificultad que implica hacer cualquier movimiento. Realizar una actividad se torna una tarea que implica más tiempo y situaciones cotidianas como caminar o levantarse de la silla, resultan siendo acciones difíciles de hacer
– Rigidez: se evidencia una rigidez muscular en cualquier parte del cuerpo, una afección que deriva en dolores y limitaciones para realizar movimientos en el paciente.
– Alteraciones en la postura: situaciones como la rigidez de los músculos y los temblores en general, afectan la postura que tiende a encorvarse y a generar problemas de equilibrio.
– Afectaciones en los movimientos automáticos: movimientos inconscientes como parpadear o sonreír, reducen su capacidad de reacción.
– Cambios en el habla: la forma como habla el paciente empieza a tener trastornos, con cambios en las tonalidades, variaciones o rapidez con las que habitualmente realizaba esta acción.
Complicaciones del Parkinson
Además de las afectaciones motoras típicas del Parkinson, existen otros factores que también resultan vulnerados y complicados para el paciente durante el desarrollo de la enfermedad, entre ellos:
– Depresión y ansiedad: el paciente puede experimentar diferentes dificultades emocionales ocasionadas por la enfermedad y sus secuelas. Miedo, angustia o pérdida de la emotividad, son cambios emocionales que se pueden evidenciar en el desarrollo de la enfermedad.
– Problemas cognitivos: en etapas avanzadas de la enfermedad, los pacientes pueden tener dificultad para pensar o razonar en simples situaciones cotidianas.
– Trastornos del sueño: alteraciones para dormir son situaciones que se tienden a tornar constantes en los pacientes. Dificultad para conciliar el sueño o despertarse constantemente durante la noche, son variables comunes que se evidencian.
– Estreñimiento: es una de las complicaciones que se han evidenciado en los pacientes, causado por la lentitud con la que empieza a trabajar el sistema digestivo.
– Alteraciones del olfato: se han evidenciado alteraciones en los pacientes que les genera dificultades para distinguir los olores y sabores en varias situaciones.
Tratamiento
Aunque el Parkinson no tiene cura existen una serie de tratamientos que tienen como objetivo brindarle al paciente la mejor calidad de vida posible en medio de la enfermedad. De esta manera, a través de tratamientos farmacológicos, tratamientos complementarios y cirugías se busca este propósito.
– Medicamentos: por medio del tratamiento farmacológico que aporte levodopa al organismo, se busca suplir el déficit del neurotransmisor de la dopamina, a fin de mitigar las afecciones motoras causadas por el Parkinson.
– Terapias: existen tratamientos complementarios que buscan reducir el impacto de varias de las condiciones que afectan al paciente durante la enfermedad. Con terapias de apoyo complementarias como: fisioterapia, terapia ocupacional, masajes, entre otras; se ayuda a mejorar el bienestar de la persona.
– Cirugía: se realizan en pacientes con un estado avanzado de la enfermedad y que cumplan con las condiciones requeridas para llevar a cabo la intervención. Una cirugía que busca estimular eléctricamente los núcleos cerebrales para controlar los síntomas del Parkinson.
En general, si bien la causa del Parkinson aún es desconocida, existen recomendaciones que pueden ayudar a prevenir su padecimiento, como llevar una vida sana a nivel físico, mantener unos hábitos de vida saludables a nivel mental, emocional y social. Recuerda que, solo un especialista en salud, en el área de neurología es quien podrá valorar y diagnosticar la enfermedad para realizar el tratamiento pertinente.
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