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Guía de autocuidado para las personas cuidadoras

La conmemoración del “Día Internacional de las Personas Cuidadoras”, a celebrarse en el mes de noviembre, es una fecha que tiene como objetivo hacer un reconocimiento a la labor, que en varias ocasiones se hace de manera silenciosa, de aquellas personas que se dedican al cuidado de personas mayores o en situación de dependencia y la importancia de su autocuidado.

Una celebración que resulta apropiada para abordar el tema del autocuidado que deben tener en su integridad, tanto física como mental, las personas cuidadoras, bien sea familiares o profesionales. En este sentido, es común que los cuidadores realicen varios roles que quizás afecten su desempeño y causen una serie de conductas desfavorables para su salud, como son: ansiedad, depresión, alteraciones en el genio, entre otras repercusiones.

Precisamente, para hablar sobre la importancia que tiene el autocuidado de las personas cuidadoras, la terapeuta física de los Centros Médicos Colmédica, Tatiana Bojacá, comparte las recomendaciones que deben tener en cuenta los cuidadores para proteger su bienestar y salud física y mental.

Quién es una persona cuidadora

De acuerdo con la terapeuta Bojacá, se entiende por personas cuidadoras aquellas que prestan servicios de acompañamiento, apoyo, responsabilidad y cuidado de personas enfermas o que sufren cualquier tipo de discapacidad o dependencia. Es así como, estas tareas pueden ser realizadas por un familiar o un profesional que cuenta con un entrenamiento específico para atender al paciente con estas condiciones.

De esta manera, entre las actividades que se realizan a diario en el acompañamiento se encuentran: cuidado corporal, asistencia en la alimentación, suministro de medicamentos, actividades de aseo, auxilio para movilizarse, entre otras actividades que requieren las personas dependientes.

Este acompañamiento exige una serie de habilidades específicas en las personas cuidadoras entre ellas: contar con empatía, disponibilidad, paciencia, saber comunicarse, tener actitud de escucha y ser positivo, independientemente de su situación personal.

Importancia del autocuidado en las personas cuidadoras

El autocuidado de las personas cuidadoras se convierte en un aspecto fundamental, pues a diario realizan actividades que demandan de un esfuerzo tanto físico como mental desgastante y que puede generar sobrecargas, que terminan reflejándose en su salud. Por tanto, resulta valioso que tengan un tiempo para el descanso, para disfrutar de gustos propios y realizar sus pasatiempos favoritos, e incluso para solicitar ayuda cuando sea necesario.

En este escenario, el apoyo de otros miembros de la familia es esencial para que el cuidador se sienta respaldado y tranquilo con su misión. Así mismo, es preciso que acompañen sus responsabilidades con hábitos que ayuden a preservar su bienestar, como: tener posturas adecuadas, realizar pausas activas constantes, tener una alimentación balanceada, un descanso reparador, rutinas de autocuidado emocional y de ejercicio físico; todo ello, con el fin de mantener su salud para el buen desempeño de sus actividades de asistencia.

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Afecciones comunes en las personas cuidadoras

Si bien el trabajo de una persona cuidadora resulta gratificante, también es cierto que puede ser una labor abrumadora. Además, puede estar dejando de lado sus propias necesidades y relegando sus sentimientos, lo que termina siendo nocivo para la salud a largo plazo. Entre las afecciones más comunes que se pueden presentar se encuentran:

  • Sobrecarga: puede ser a nivel físico y emocional. Lo primero se puede presentar por las posturas inadecuadas las cuales tienen consecuencias en lesiones osteomusculares y lo segundo, hace referencia al agotamiento por las actividades de asistencia.
  • Sensación de soledad, aislamiento, impotencia y abandono en las funciones que realiza.
  • Alteraciones en el tiempo de descanso. Dormir demasiado o muy poco.
  • Cambio en el peso corporal, causados por los malos hábitos alimenticios que derivan en la ganancia o pérdida de peso.
  • Sentir cansancio la mayor parte del tiempo.
  • Pérdida del interés en actividades que solía disfrutar.
  • Variaciones en el estado de ánimo: irritarse o enojarse fácilmente.
  • Sentir preocupación o tristeza constantemente.
  • Adquirir hábitos nocivos que antes no se realizaban como fumar o tomar licor de manera excesiva.
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Recomendaciones de autocuidado

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En el caso de las recomendaciones que una persona cuidadora debe tener en cuenta para proteger su integridad, se debe priorizar la fortaleza física y mental, a través de la adopción de hábitos saludables que se

– Realizar una actividad física: practicar alguna rutina de ejercicios, al menos tres veces a la semana traerá bienestar a la mente y el cuerpo de la persona cuidadora. Caminar, bailar o montar en bicicleta son actividades sencillas que se pueden realizar en el tiempo libre.

Meditar: ayudará a despejar la mente y enfocar los pensamientos hacia algo específico. Es una práctica que puede emplear el yoga, técnicas de respiración o ejercicios prácticos que refuercen y favorezcan el tiempo de meditación.

Tener un día de descanso: establecer un día a la semana para descansar por completo. Esto permitirá recargar la energía física y emocional para cumplir con todas las actividades semanales como cuidador. Puede destinarse para practicar un pasatiempo favorito leer un libro o simplemente entregarse al ocio por completo.

Gestionar las emociones: sentir tristeza, frustración, desesperanza, cambios en el estado de ánimo o agotamiento físico, son emociones que los cuidadores pueden sentir. Por ello, aprender a expresarlas ayudará a equilibrar las cargas y liberar los pensamientos negativos.

Aprender más sobre el cuidado: instruirse sobre las tareas que se realizan ayudará a encontrar nuevas formas más prácticas e innovadoras de realizarlas. Preguntar y conocer sobre la condición de la persona dependiente, facilitará el actuar.

En definitiva, es prioritario que la persona cuidadora tenga un autocuidado de su salud física y mental. Esto implica tomar tiempo para el descanso, disfrutar de actividades diferentes, liberar su emociones y pensamientos y solicitar ayuda cuando lo requiera. Un cuidador sano tendrá mejor disposición, mayor capacidad para afrontar las situaciones y una gran facultad resolutiva para cuidar de otra persona.

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