El anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de declarar el fin de la emergencia de salud pública mundial por el COVID-19, ha sido un aliciente luego de tres años de convivencia con la pandemia. No obstante, el ente ha señalado la importancia de continuar con las medidas para responder a futuras amenazas que atenten contra la salud pública.
En este sentido, el director general de la OMS, Tedros Adhanom destacó que, “esto no significa que el COVID-19 haya dejado de ser una amenaza para la salud mundial y sigue siendo una prioridad de salud pública global”. El funcionario enfatizó en la posibilidad que surja otra variante que pueda generar una nueva ola de enfermedades. A su vez que, desarrolle otro patógeno con igual o mayor incidencia.
De esta manera, si bien atrás han quedado las diferentes restricciones que hicieron parte de la cotidianidad de las personas, vale la pena destacar en la importancia de seguir alerta respecto al autocuidado, pues la enfermedad continúa cobrando vidas y sus variantes siguen mutando.
Balance de la pandemia
La epidemia del COVID-19 declarada por la OMS el 30 de enero de 2020 como una emergencia de salud pública de preocupación internacional, generó un cambio radical en la vida de las personas. Es así como diferentes acciones en todas las latitudes del planeta se hicieron comunes y frecuentes. Cierres de fronteras, la virtualización del trabajo y la educación y los confinamientos para evitar la propagación del virus, entre otras medidas, se convirtieron en la escena repetitiva en todos los países alrededor del mundo.
Acciones que, si bien lograron mitigar el impacto, no fueron suficientes para contener los más de 650 millones de contagios que se produjeron desde el inicio de la propagación del virus y las más de 6,6 millones de muertes, de acuerdo con las cifras de la OMS. Una historia que, sin embargo, vería la luz con la distribución de las primeras vacunas a partir de diciembre de 2020 y que han logrado la aplicación de alrededor 13.000 millones de vacunas.
En el caso de Colombia, según los últimos reportes entregados desde el Instituto Nacional de Salud (INS), se han presentado 142.722 fallecimientos con una letalidad de 2,2 por cada 100 habitantes y un total de 6.365.262 casos. Además, desde marzo de 2020 hasta el 10 de mayo de 2023, el país procesó 21.832.078 pruebas PCR y 15.889.189 pruebas de antígeno para el diagnóstico del COVID-19.
Lecciones de la pandemia
La pandemia permitió la promoción de hábitos higiénicos saludables. Algunas de las lecciones aprendidas durante esta crisis incluyen:
– Lavado de manos: una práctica que ha quedado en los hábitos de las personas y sin duda una de los más valiosos aprendizajes. Esta acción ayuda a eliminar los gérmenes de las manos y reducir la propagación de virus.
– Distanciamiento social: esta recomendación ha enseñado a las personas a mantener una distancia física de al menos 1 metro. Especialmente, en casos donde existen grandes aglomeraciones, ayudando a reducir las probabilidades de contraer algún tipo de virus.
– Uso de tapabocas: fue una medida crucial para prevenir la propagación del virus. Ademas, concientizó a las personas que su uso es fundamental para cuidarse y proteger a los demás, especialmente, cuando alguien se encuentra con una virosis.
– Higiene respiratoria: el acto de cubrirse la boca y la nariz con el codo flexionado o con un pañuelo al toser o estornudar, como medida para evitar la dispersión de las gotas respiratorias que podrían contener un virus, es otra de las grandes lecciones aprendidas.
– Ventilación adecuada: se adoptó el hábito de mantener una ventilación adecuada en los espacios interiores para reducir la concentración de partículas virales en el aire. Abrir ventanas, utilizar sistemas de ventilación adecuados y evitar espacios cerrados sin circulación de aire se han convertido en prácticas recomendadas.
Estos hábitos además de haber sido primordiales durante la pandemia, son prácticas que deben continuar a fin de prevenir la propagación de otras enfermedades infecciosas.
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Recomendaciones de la OMS con el fin de la pandemia
Desde la OMS una vez declarada la finalización de la pandemia se compartieron una serie de recomendaciones para que los países no pierdan el terreno ganado durante estos años donde se afrontaron tantos desafíos en materia de salud, entre ellas están:
– Conservar lo obtenido en términos de capacidad y prepararse para eventos futuros, a fin de evitar un ciclo de pánico y descuido.
– Integrar la vacunación contra el COVID-19 en los programas de vacunación, manteniendo las medidas para aumentar la cobertura, especialmente, en los grupos de alta prioridad.
– Incluir la vigilancia de los agentes patógenos respiratorios.
– Prepararse para que se autoricen las vacunas, los medios de diagnóstico y los tratamientos dentro de los marcos regulatorios nacionales. De este modo se garantiza la disponibilidad y el suministro a largo plazo.
– Continuar el trabajo con las comunidades para lograr programas sólidos, resilientes e inclusivos en materia de comunicación de riesgos y participación de la comunidad.
– Seguir eliminando las medidas de salud relacionadas con las COVID-19 aplicables a los viajes internacionales, en función de las evaluaciones de riesgos.
Lavado de manos: una medida preventiva que se debe continuar
El lavado de manos sin duda se convirtió en uno de los hábitos más efectivos que se adquirieron a lo largo de la pandemia. Las personas se concientizaron sobre una acción a la que no se le había dado la trascendencia que se debía como medida preventiva para mantener una buena higiene y prevenir la propagación de enfermedades infecciosas.
Esta práctica sencilla pero muy efectiva ayuda a protegerse de diversas enfermedades, incluyendo resfriados, gripe y patologías gastrointestinales. Algunas razones por las cuales el lavado de manos es tan importante son:
– Ayuda a eliminar gérmenes: las manos son una parte del cuerpo que están en permanente contacto con superficies que pueden estar contaminadas. Al lavarte las manos con agua y jabón, eliminas estos agentes, reduciendo así el riesgo de infección.
– Previene enfermedades respiratorias: el resfriado y la gripe son afecciones que se transmiten a través de partículas de saliva o secreciones nasales. Tener un lavado de manos regular antes de tocarse la cara o consumir alimentos, reduce la probabilidad de que esos gérmenes ingresen al sistema respiratorio.
– Reduce las enfermedades gastrointestinales: como la diarrea, la cual se propaga a través de gérmenes presentes en las heces. No tener un lavado de manos adecuado después de ir al baño o de manipular objetos sucios, se hace más fácil la proliferación de gérmenes.
– Disminución en la propagación de infecciones: así como un lavado de manos te protege, también, ayuda a prevenir la propagación de enfermedades a otras personas. Lavarse las manos reduce el foco de gérmenes que se podrían transmitir a través del contacto físico. Como por ejemplo: saludar, dar la mano o tocar objetos compartidos.
Es importante destacar que el lavado de manos adecuado implica usar agua y jabón, frotar todas las superficies de las manos, incluyendo entre los dedos y debajo de las uñas, durante al menos 20 segundos, y luego enjuagar y secar completamente. Si no hay acceso a agua y jabón, se puede usar un desinfectante de manos a base de alcohol con al menos un 60 % de concentración.
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